Siento que en demasiadas ocasiones únicamente escribo ensayos absurdos sobre mis ideas, tal vez siquiera estén bien estructurados.
A veces me creo Jane Austen con sus romances imposibles,
otras simplemente una poetisa rompiendo las reglas de lo común.
Ahora mismo lo único que conozco y reconozco son mis sentimientos y mis ganas de saber.
Todo ello acompañado con una balada a piano,
y una copa de vino aburrida y con gas.
Ahora
lo único que conozco y reconozco son tus besos.
Es irónico como los enamorados empedernidos intentan buscar una respuesta a qué es el amor cuando cada uno lo siente de una manera. Es como intentar sintetizar miles de puntos de vista sobre qué es la vida en unas cuantas palabras inapetentes.
Cuando buscas la respuesta como un amante de las ciencias y no adoras la pregunta en sí misma, algo falla.
Al igual que falla mi realidad si continúas estando lejos.
Déjame agradecerte con unas oraciones ensayistas lo mucho que me has salvado.
Pues con solo pasear de tu mano por una calle llena de muerte y agonía, me doy cuenta de que sigues brillando.
Nunca busques sentido a mis pensamientos,
a mis sentimientos,
pues es como intentar que un ciego sea consciente de lo bello que es un árbol.
Intentaría dibujar el árbol en tu brazo con la misma dulzura que utilizan las hojas para acariciar el aire.
Mi casa son tus abrazos en Pablo Neruda, con la banda sonora de tus ronquidos.
Mis flores son los paseos que dejas que de a tu lado.
Solo te acompaño en el rumbo de tu vida mientras te dejo volar.
Somos almas libres que decidieron compartir su tiempo de una manera peculiar.
Desde España hasta Francia,
y desde Francia hasta donde cayó la última lágrima de Amélie.
Mi casa y flores.
Aquí el vídeo.
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