Cuando la mentalidad sea blanquecina, tal vez pueda decir orgullosa que soy persona.
Cuando las miradas abarquen esperanza y no caos,
cuando las mismas rocen con la tolerancia.
Cuando las miradas acaben siendo puras, de amor.
Tal vez acompañadas de una sonrisa.
Cuando ir paseando no signifique pensar en tus piernas,
cuando comer no signifique pensar quién te observa.
Cuando pueda sentirme libre de vivir sin sentir culpabilidad en cada arteria.
Cuando sienta mi sangre libre, tal vez cuando no dependa tanto del tiempo.
Mi mente se limita a una línea temporal y espacial, pero ¿por qué no ir más allá?
Amo romper los muros de mi sabiduría.
Así que cuando intentemos amar tanto el saber como los defectos de los demás, tal vez podamos darnos cuenta de que en realidad la fachada es solo un cúmulo de imperfecciones que nos hacen sentir desdichados.
Por qué utilizar adjetivos como insultos,
por qué hacer sentir a alguien oscuro, cuando todos brillamos por nuestra existencia.
Por qué hay gente llorando entre sus inseguridades porque éstas no dejan de ser alimentadas.
Pues cuando la inocencia se rompe, va detrás la autoestima.
Si muerdes tu lengua cada vez que deseas huír es que comprendes tu triste destino.
Si gritas, en cambio, a la luz del cielo que seas como seas vas a seguir, tal vez puedas sentirte algo más libre.
Soy gorda.
Soy estúpida.
Soy delgada.
Tengo, tripa, estrías, piernas enormes, unos pies destrozados.
Soy una persona cansada de sentirse avergonzada de sí misma.
Soy tú, tu mejor amigo, tu madre, padre, vecino.
Soy el alma alimentada de complejos que lleva vagando desde que el mundo tuvo consciencia.
Y destrucción.
(Vídeo próximamente)
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