¿Paseas conmigo cuando
estoy lejos?
Es una pregunta que me hago
segundo tras segundo. Hay días que me siento pequeña ante los
sentimientos que padezco. Es agobiante el padecer sin conocer. Y hace
mucho que no te dedico unas palabras.
¿Me hablas en sueños, me
escuchas tras las teclas del piano?
Tal vez, como a mi me pasa,
me ves tras el retrovisor. Escuchas mis pasos detras tuya, como un
susurro del pasado. Como cuando estamos juntos.
Odio los textos de amor, y
en cambio no dejo de acudir a ellos para intentar expresarme.
Es maravilloso ser dos
espíritus independientes compartiendo su obra, y por supuesto, sus
vidas.
Podríamos ser una metáfora
del sol y la luna, una metamorfosis de lo que siempre hemos querido
ser, pero mejorada. Interrumpidos por la distancia y las ovejas que
llaman personas.
Hoy te siento lejos.
No de una manera obsesiva.
Es como una canción que adoro pero que nunca puedo hacer mía. Y en
cierta manera me gusta esa sensación de ti.
Tu libertad, tus ganas de
vivir y compartir eso conmigo.
Hace bastante de ti,
¿recuerdas? De cuando odié amarte, cuando el pánico abundaba más
en mi sangre que glóbulos rojos. Cuando el invierno invadió mi
primavera, haciéndome caer en pleno verano en un cúmulo de
sensaciones odiosas, repelentes.
Pero mañana es domingo. Y
aunque no esté a tu lado, te siento ahí.
Te siento ahí a cada
instante, cuando los demás dicen que sea precavida, que no merezco
tanto amor, que las huidas pueden ser inmediatas, que el amor es
efímero, como el tiempo o las ganas de vivir. Te siento ahí como si
fueses Tolstoi o el final del concierto nº 2 de Prokófiev. Tan
dentro de mi que a veces cuando te vas, me arrebatan cierta parte de
cordura.
¿Me ayudarás a cuidar cada
página de nuestra historia?
Independientemente de que
sea escrita físicamente, ¿lo harás? Incluso más que cada uno de
mis libros o movimientos. Incluso más que a nosotros, pero nunca más
que a ti mismo.
¿Seguirás conmigo
el Domingo 15 de Enero?
