sábado, 14 de enero de 2017

Mañana es Domingo.

¿Paseas conmigo cuando estoy lejos?
Es una pregunta que me hago segundo tras segundo. Hay días que me siento pequeña ante los sentimientos que padezco. Es agobiante el padecer sin conocer. Y hace mucho que no te dedico unas palabras.

¿Me hablas en sueños, me escuchas tras las teclas del piano?
Tal vez, como a mi me pasa, me ves tras el retrovisor. Escuchas mis pasos detras tuya, como un susurro del pasado. Como cuando estamos juntos.


Odio los textos de amor, y en cambio no dejo de acudir a ellos para intentar expresarme.
Es maravilloso ser dos espíritus independientes compartiendo su obra, y por supuesto, sus vidas.
Podríamos ser una metáfora del sol y la luna, una metamorfosis de lo que siempre hemos querido ser, pero mejorada. Interrumpidos por la distancia y las ovejas que llaman personas.

Hoy te siento lejos.
No de una manera obsesiva. Es como una canción que adoro pero que nunca puedo hacer mía. Y en cierta manera me gusta esa sensación de ti.
Tu libertad, tus ganas de vivir y compartir eso conmigo.

Hace bastante de ti, ¿recuerdas? De cuando odié amarte, cuando el pánico abundaba más en mi sangre que glóbulos rojos. Cuando el invierno invadió mi primavera, haciéndome caer en pleno verano en un cúmulo de sensaciones odiosas, repelentes.

Pero mañana es domingo. Y aunque no esté a tu lado, te siento ahí.
Te siento ahí a cada instante, cuando los demás dicen que sea precavida, que no merezco tanto amor, que las huidas pueden ser inmediatas, que el amor es efímero, como el tiempo o las ganas de vivir. Te siento ahí como si fueses Tolstoi o el final del concierto nº 2 de Prokófiev. Tan dentro de mi que a veces cuando te vas, me arrebatan cierta parte de cordura.

¿Me ayudarás a cuidar cada página de nuestra historia?
Independientemente de que sea escrita físicamente, ¿lo harás? Incluso más que cada uno de mis libros o movimientos. Incluso más que a nosotros, pero nunca más que a ti mismo.

¿Seguirás conmigo
el Domingo 15 de Enero?

¿Sonríes? 

Aquí el vídeo. 

miércoles, 12 de octubre de 2016

Canciones de una mañana de Otoño.

La música melancólica inunda mi habitación.


La atmósfera que creo entre mis sábanas solo es comparable con el aroma a café tras románticamente fuerte.


A veces Haux me abraza con sus rimas cuando me siento sola, otras tira de mi brazo para que caiga en su agonía.


Solo sé que en ocasiones el agobio me seduce tanto como la felicidad,

que deseo dejar más una sonrisa que el tabaco.

Que la vida y las ganas se me escapan sin yo saberlo.



Todo eso arrastrada.


Hasta que la filosofía me absorbe, tal vez no solo ella, y me siento un poco más viva.
Como si pintasen mi flor de rojo vivo.


La sociedad con su ignorancia, arrogancia e impertinencia a veces consigue arrancarme un pétalo de ganas, otra es mi exigencia desesperada la que consigue que mis tobillos se debiliten. Como si un simple número identificase mi sabiduría, mi forma de aprender, saber y pensar.


A veces caigo en un juego sin rumbo,
sin fin
y con ganadores fijos,
que no hacen más que pisotearme de una forma cruel.

A veces trepo por los nudos de su no tolerancia y poco a poco, uno a uno, arranco las pelusas de sus calcetines.


Por que al final, son iguales que yo.
Aunque parezca increíble.


Tal vez deba empezar a exigirme menos y disfrutar más.


A organizarme más y echar de mis pupilas el agobio que acaba derivando en ansiedad.

¿Sabéis lo que es llorar con la canción más bonita que nunca habéis escuchado sin razón alguna?

(Vídeo próximamente.)

viernes, 30 de septiembre de 2016

Casa y flores.

Siento que en demasiadas ocasiones únicamente escribo ensayos absurdos sobre mis ideas, tal vez siquiera estén bien estructurados. 



A veces me creo Jane Austen con sus romances imposibles,
otras simplemente una poetisa rompiendo las reglas de lo común.

Ahora mismo lo único que conozco y reconozco son mis sentimientos y mis ganas de saber.
Todo ello acompañado con una balada a piano,
y una copa de vino aburrida y con gas. 

Ahora 
lo único que conozco y reconozco son tus besos.

Es irónico como los enamorados empedernidos intentan buscar una respuesta a qué es el amor cuando cada uno lo siente de una manera. Es como intentar sintetizar miles de puntos de vista sobre qué es la vida en unas cuantas palabras inapetentes. 

Cuando buscas la respuesta como un amante de las ciencias y no adoras la pregunta en sí misma, algo falla.

Al igual que falla mi realidad si continúas estando lejos.

Déjame agradecerte con unas oraciones ensayistas lo mucho que me has salvado.
Pues con solo pasear de tu mano por una calle llena de muerte y agonía, me doy cuenta de que sigues brillando.

Nunca busques sentido a mis pensamientos, 

a mis sentimientos,

pues es como intentar que un ciego sea consciente de lo bello que es un árbol. 

Intentaría dibujar el árbol en tu brazo con la misma dulzura que utilizan las hojas para acariciar el aire.

Mi casa son tus abrazos en Pablo Neruda, con la banda sonora de tus ronquidos.

Mis flores son los paseos que dejas que de a tu lado.

Solo te acompaño en el rumbo de tu vida mientras te dejo volar.

Somos almas libres que decidieron compartir su tiempo de una manera peculiar.

Desde España hasta Francia,
y desde Francia hasta donde cayó la última lágrima de Amélie.

Mi casa y flores. 

Aquí el vídeo.

martes, 27 de septiembre de 2016

Querida pútrida y oscura yo.

Cuando la mentalidad sea blanquecina, tal vez pueda decir orgullosa que soy persona.
Cuando las miradas abarquen esperanza y no caos, 
cuando las mismas rocen con la tolerancia.  



Cuando las miradas acaben siendo puras, de amor.
Tal vez acompañadas de una sonrisa.

Cuando ir paseando no signifique pensar en tus piernas, 
cuando comer no signifique pensar quién te observa. 
Cuando pueda sentirme libre de vivir sin sentir culpabilidad en cada arteria.

Cuando sienta mi sangre libre, tal vez cuando no dependa tanto del tiempo.

Mi mente se limita a una línea temporal y espacial, pero ¿por qué no ir más allá?
Amo romper los muros de mi sabiduría.

Así que cuando intentemos amar tanto el saber como los defectos de los demás, tal vez podamos darnos cuenta de que en realidad la fachada es solo un cúmulo de imperfecciones que nos hacen sentir desdichados.

Por qué utilizar adjetivos como insultos, 
por qué hacer sentir a alguien oscuro, cuando todos brillamos por nuestra existencia.

Por qué hay gente llorando entre sus inseguridades porque éstas no dejan de ser alimentadas.

Pues cuando la inocencia se rompe, va detrás la autoestima.

Si muerdes tu lengua cada vez que deseas huír es que comprendes tu triste destino.

Si gritas, en cambio, a la luz del cielo que seas como seas vas a seguir, tal vez puedas sentirte algo más libre.

Soy gorda.

Soy estúpida.

Soy delgada.

Tengo, tripa, estrías, piernas enormes, unos pies destrozados.

Soy una persona cansada de sentirse avergonzada de sí misma.

Soy tú, tu mejor amigo, tu madre, padre, vecino.

Soy el alma alimentada de complejos que lleva vagando desde que el mundo tuvo consciencia.
Y destrucción.

(Vídeo próximamente)

domingo, 3 de julio de 2016

Éstas palabras huelen a amapola.

Empezando por una estética efímera, reconocer que quiero o tal vez ansíe que mi piel llena de marcas, llena de rencor y a veces un poco de felicidad, no cambie. 
Y si así lo hace, que lo haga por mi. 


Al natural y con una pluma entre los dedos escribo estos versos de musa pútrida. Deseando un nuevo comienzo, ansiando cambiar cualquier final predispuesto. No soy de nadie ni de nada, nada ni nadie es mío. Es como flotar en un rayo de luz lila y libre. Como un caballo galopando en mis sueños cada noche. 

Necesitaba proyectos, comienzos, algún tipo de inspiración que me dejase respirar. ¿Sabes lo que es ahogarte entre canciones melódicas y pensamientos?

Muchas veces siquiera sé qué es lo que siento, pero tengo claro que la base de la banda sonora de mi vida la lleva una guitarra, y yo soy la voz que interpreta cada palabra.
Luego veo lo ególatra y sin sentido que es intentar comprender una sensación, y río. 

Intento levantarme y acostarme pensando en mi.

Intento ser libre dentro de mis rejas. 

Por ello estas palabras huelen a amapolas. 

Mañana continuaré con las que huelen a podrido. 

Aquí el vídeo.